Hace 18 años, dos bandos, dos rivales, se sentaron en el castillo de Chapultepec en México ante los ojos del mundo para firmar un documento que ponía fin a más de una década de conflicto armado que desangró a la tierra cuscatleca y proclamaba el inicio de una era de reconstrucción, de reconciliación…de PAZ; el tiempo ha pasado pero una pregunta se ha acrecentado desde ese entonces hasta la fecha, una pregunta que cada día nos hacemos con mayor insistencia… ¿Cuál PAZ?
Ésta interrogante no es en vano, ya que no nos referimos a la guerra que se vivió, sino al hecho de que, a día de hoy, la cifra de muertes ocasionadas por la violencia en El Salvador se ha incrementado a niveles estratosféricos y ya superan a las ocasionadas por el conflicto armado (en su totalidad); a diario, según fuentes oficiales, se tienen un promedio de más de 12 asesinatos, pero lo alarmante es que eso es solo el número que las autoridades llegan a ¿conocer? y ¿revelar?, pero muchos otros quedan en el olvido y son los tristes ejemplos de la famosa frases “Nadie sabe, nadie supo”.
En la década de los noventas fueron los secuestros el pan de cada día, una práctica que fue sofocándose poco a poco, cosa que no se hizo con las nacientes “Maras”, pandillas juveniles que comenzaron a forjarse de la mano de deportados y que en menos de una década se han convertido en la pesadilla no solo de nuestro país sino también de buena parte del continente; pero las “Maras” no están solas, los delincuentes comunes, las mafias, la corrupción, los traficantes de droga, armas y personas y, en cierta medida, la gente dedicada a la piratería también son piezas relevantes de éste gran mosaico.
Pero antes, debemos reflexionar sobre el origen de la actual situación; siendo fríos hay que señalar que en todas las épocas de la historia nacional, pocas veces se han tenido períodos de tranquilidad, períodos muy cortos, casi aislados entre siglo y siglo. En general, la violencia impregna nuestra historia, conflictos internos y externos, masacres, magnicidios, golpes de estado, guerras ¿Por qué? muchos dirán que se debe a las convulsiones sociales, al marginamiento, los errores del sistema político-económico de turno o de las autoridades; otros dirán que por el revanchismo, por sistemas extranjeros que quieren imponerse, por el pensamiento guerrerista de unos o el pensamiento revolucionario de otros y las desigualdades sociales.
Pero siendo aun más fríos hay otra respuesta posible: la propia cultura, pero hay que plantearlo muy bien para evitar confusiones, parece ser que el salvadoreño típico, por su crianza, a lo primero que se avoca para resolver un conflicto es a la violencia, una violencia que se ve reflejada en todos los estratos sociales, no importado el género o situación económica; hay casos desde los más simples (pero no menos desagradables) hasta los más grotescos y en la mayoría de casos se justifica con una frase tan discutible como la de: “Se me salió el indio” y que muchas veces es expresada con tanto cinismo como si la persona que lo dice se enorgulleciera de ello.
Claro que no hay que olvidar que el Estado tiene el deber de educar a sus ciudadanos pero el primer núcleo de enseñanza es la familia, es triste ver cómo mientras un niño o niña aprende a tener cortesía y respeto por los mayores otros simplemente tratan a los adultos como sus iguales incluyendo vocabulario soez y que, al contrario de ser reprendido, es aplaudido por sus progenitores, familiares o cualquier otro que esté a la par; mientras que en una casa los padres se comunican para resolver problemas en otra los cónyuges llegan hasta la agresión física atentando tanto contra adultos como contra menores. Una de las grandes causas de éste tipo de comportamientos es el hecho de tener una desintegración familiar que se profundiza a pasos agigantados haciendo que el tejido social se descomponga, ocasionando casi siempre traumas en los más pequeños y volviendo el ambiente de desarrollo y crianza en un caldo de cultivo para los peores temores de una nación.
La “Maras” provienen de ese caldo de cultivo, individuos que al haber vivido en situaciones violentas, abusivas y de desprendimiento encuentran refugio entre sus iguales conformando grupos que parecen gritar a los cuatro vientos: ¡Mírenme aquí estoy!, ¡Odio a todo el mundo! o ¡Ahora soy el que manda!. Éstos niños, adolescentes y jóvenes no son violentos por naturaleza sino por la crianza, el problema es que muy pocos pueden superar sus traumas, la mayoría restante llegan a convertirse, de manera consciente, en seres sedientos de venganza, que sienten tener poder con una arman entre las manos y que enfocan todas sus energías en hacer lo único que saben hacer mejor… destruir a los demás, lo cual de una u otra manera les trae siempre beneficios económicos o sicológicos.
La falta de valores, moral, cultura, sentido común y muchas otros elementos son los que hacen de éstos individuos máquinas de matar las cuales son usadas como brazo armado de organizaciones criminales más complejas y comandados por seres más horribles, seres que teniendo, muchas veces, educación o un status quo muchísimo mejor que el de los pandilleros utilizan a éstos para realizar todo tipo de trabajos (sucios o no) que siempre le darán un reditual garantizado especialmente en lo material; monstruos que por sus ansias de poder y dinero no solo controlan a los suyos sino que atentan indiscriminadamente contra el resto de la población.
Hay muchos ejemplos en que padres analfabetas o con pocas oportunidades han logrado criar a sus hijos de manera tan ejemplar que opacarían a muchos que han estudiado hasta maestrías, por eso hay que hacer hincapié en que una educación académica no garantiza una crianza emocional correcta con una moralidad intachable; mientras que niños y niñas que andan descalzos en poblados aislados de nuestro país, y que tal vez solo han sido criados por sus abuelos, desean fervientemente estudiar a toda costa, otros que tienen muchas veces los recursos básicos y el apoyo para hacerlo prefieren dejarlo de lado.
Obviamente las desigualdades sociales, la falta de oportunidades y de programas integrales para ayudar a la familia han sido siempre las señaladas como causantes de la violencia y que las personas se encaminen por otros rumbos más siniestros, pero no son las únicas ya que la falta de un núcleo familiar estable, ausencia de enseñanza sobre integridad, de moral y valores, exageración del consentimiento por un lado y de la represión por el otro, del “Dejar Hacer, Dejar Pasar” también han incidido en el desarrollo de la violencia que va desde la intrafamiliar hasta la criminal no importando credo, ideología, nivel social o económico…

6 COMENTARIOS
Ulises:
Planteas varios factores que están entrelazados:
1) La Cultura: eso es el origen de toda una conducta, la idiosincrasia de la violencia, el nulo respeto por el prójimo y todo lo que esto conlleva, en El Salvador no se dialoga se mata, habría que descubrir el genoma del salvadoreño como raza, debe haber algo que nos obligue a actuar así.
2) El sistema de gobierno: en El Salvador se descubrió muy tarde la democracia,practicamente todo el siglo xx hubo regímenes militares que sofocaban a las voces disidentes. Hay un periodo histórico que me llama la atención: la dictadura del Gral. Hernández Martínez y la famosa matanza de 1932, el etnocidio a gran escala ¿cómo pudo la sociedad de esa época tolerarlo?. Si analizas el discurso oficial de la lucha contra el comunismo surge desde ahí y todo partido opositor ha sido tildado de comunista siempre que ha pretendido llegar al poder por la vía electoral. Esto es causa de rasgos culturales.
3) El entorno familiar:mucho tiene que ver la educación y las costumbres. La práctica de pegarle a las mujeres y de disciplinar a los niños a cinturonazos era usual, lo que generaba pautas de conducta.
4)Las maras: viví el principio de todo este fenómeno social, las maras surgieron en las calles de Los Ángeles cuando miles de exiliados se fueron a vivir ahí a causa de la guerra, a finales de los ochenta empezaron las deportaciones masivas y eso coincidió con la finalización de la guerra. Si a eso le sumas los exsoldados y exguerrilleros que no tuvieron otra ocupación en un sistema que no estaba preparado para darles trabajo pues era una bomba de tiempo.
Me preocupa que surjan de nuevo grupos armados que con el pretexto de eliminar la delincuencia acumulen poder, ¿te has dado cuenta de cómo se ha ganado las simpatías la sombra negra?
Saludos
GO
Ulises,
Tienes razón en decir que una de las responsabilidades del Estado es proveer educación a los ciudadanos, y que la familia es la base de la sociedad. En El Salvador, las oportunidades de educación son abundantes. La educación hasta bachillerato es gratuita, y hay universidades en cada rincón.
El Estado sin embargo, no tiene la obligación de FORZAR a los ciudadanos a estudiar y lamentablemente “el estudiante salvadoreño” es de una calidad pésima en promedio, sus prioridades son diferentes al estudio, y muchas veces (la mayoría) se gradúan de bachilleres sin saber aplicar correctamente ni siquiera una simple regla de 3. Luego protestan porque no los aceptaron en la UES y quieren que les regalen los títulos. http://www.blogotepeque.com/2009/03/la-lacra-del-movimiento-de-estudiantes.html
Estoy de acuerdo con lo que dices que una buena educación académica no garantiza buenos valores (e.g. Carlos Perla) y que el Estado tiene que crear las condiciones óptimas para cerrar las brechas sociales, a través de métodos pacíficos y sin caer el el “populismo barato”.
Lo que todavía no me queda claro es si el marero que ya es marero dejaría de matar, de robar y de extorsionar si el Estado le pagara sus estudios universitarios y le ofreciera un trabajo en algún ministerio. Yo pienso que no, porque los mareros no piensas como seres humanos normales, sino como hienas. Para mí un marero hijodeputa es una triste hiena porque anda jodiendo, se come hasta al león y siempre con una sonrisa de pendeja. http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/antoniorruiz/ghiena.jpg
A las maras el Estado las debe tratar como animales, acorralarlas, perseguirlas y encerrarlas. Desarticular las organizaciones acuarteladas en las cárceles debería ser el primer paso, desde donde se ordenan la mayoría de crímenes. Y a los hijos de los mareros hay que domesticarlos, traerlos de nuevo a la civilización.
Excelente post! Da para discutir bastante.
Pero ¿cómo frenar el clima de inseguridad que nos corroe hasta los huesos? No son sólo mareros los culpables de los males. Se necesitan penas más duras, como la pena de muerte. Se necesita una reorientación educativa donde medios de comunicación, organizaciones gubernamentales y no gubernamentales se involucren para crear un nuevo salvadoreño. En pocas palabras, se necesita un amplio trabajo social a lo japonés.
Excelente post.
Saludos.
Se necesita también un cambio de clima. Una buena nevada…
Corta la cabeza, no s’olo los v’astgos. Como plantea Ulises…el caldo que se cocino aca lo aprovecho el crimen organizado. El fenomeno mara fue intencionalmente subdimensionado en las ultimas decadas para ocultar las mafias y la incapacidad de nuestro sistema para frenarlas. Ahora, los narcos no solo han encontrado redes de “detallistas” para la droga, sino tambien un ariete q golpea con mucha fuerza causando temor incluso a las autoridades.
[...] en su articulo “El Salvador… Violencia, crimen e inseguridad” nos dice: “Hace 18 años, dos bandos, dos rivales, se sentaron en el castillo de Chapultepec [...]