“La carne de mono es muy dura”, nos contó el Combo un día de estos en una pupusería camino al Boquerón, “y la de perro nos llenó de parásitos. Para recobrar fuerzas, algunos de mis compañeros fumaban hojas de la marihuana silvestre que crece como plantas de mora en las montañas de Morazán, también masticaban pétalos de florifundia. A veces dormíamos desnudos mientras se nos secaba el uniforme, y para avispar nuestro sentido de orientación, nos enterraban las latas de comida en cualquier parte y sólo nos daban un mapa y una brújula para encontrarlas. Yo adelgacé como veinte libras durante ese Campamento de Supervivencia ¿Te acordás, verdad?”
Si éste parecía un esqueleto cuando lo echaron de la Escuela Militar.
¿Y cazabas monos y perros cuando no encontrabas las latas?
No. Caracolitos, de los que viven debajo de las piedras. También gusanos, pero no de los peludos, sino de los blancos. El mono y el perro fueron el banquete de despedida del campamento. Al mono lo cazamos con el fusil, y el perro era del pelotón, pero estaba invadido de parásitos. Casi nos mata.
A éste no hay que llamarlo Combo sino que Rambo, ja ja ja.
¿Y nunca pensaste en tirar la toalla?
No, nunca. Era mi única alternativa para cumplir mi sueño de ser piloto, pero una tarde andábamos tan enajenados por el hambre, la florifundia y el calor, que capturamos unos mareros que descansaban bajo la sombra de un gran árbol. A punta de fusil los sometimos y los obligamos a hincarse con las manos en la cabeza.
Éste siempre se caga de la risa cuando cuenta lo que sigue.
¿Ajá?
Como andábamos uniformados, nos gritaban “los vamos a matar escuadroneros de mierda” mientras los sacudíamos a patadas y a culatazos. Cuando quedaron inconscientes por la paliza, los desnudamos y los amarramos de pies y manos. A uno de ellos le cubría el cuerpo un tatuaje desde el cuello hasta la pantorrilla, y los otros dos sólo tenían tatuados los rostros. Como ya eran casi las seis, esperamos que recobraran el conocimiento y en medio de una frenética oscuridad montañesa, los lanzamos amarrados y vociferando a una corriente profunda y turbulenta del Río Sapo. No supimos que fue de ellos, porque nos retiramos inmediatamente del lugar.
¿Y fue por eso que te expulsaron?
No, no fue por eso.
ARTICULOS RELACIONADOS
- Leyes de Murphy [ESCUELA]
- Los perros detrás del carro
- El propio 24 de diciembre – Historias de Nery
- Rescatan perro en el Mar Báltico
- Marineros polacos rescatan a perro de un témpano
- Presuntos responsables de la logística del aparato militar de ETA fueron detenidos
- Represión militar en aeropuerto de Honduras – Baño de sangre a manifestantes
- La aparición de don Abundio II
- Calaveras de Día de Muertos*
- Gimnasia mental – ¿Cuánto pesa el bebé?







2 COMENTARIOS
Alex:
Un gusto leerte y ¿por qué lo expulsaron?…cuenta.
Abrazos
GO
Qué tal Gabriel, el gusto es mío.
Contaré porqué lo expulsaron en otro post.
Saludos,
Alex