Entonces el mensaje ideal que Ramón esperaba con ansias, apareció en el programa de vídeos musicales: “Busco joven, de buenos sentimientos, que quiera divertirse. Llámame al cel. … Tengo veintisiete años…” El joven saltó del sofá, buscó su celular y marcó. Al otro lado, una voz tintineante, con toque de erotismo y de susurro cariñoso, le contestó. Dijo que se llamaba Melissa, que vivía en Soya y que estudiaba en la “U”. Ramón también le dijo que estudiaba en una universidad, que estaba en último ciclo, a punto de terminar su carrera. La chica le contó que recién había ingresado, que le iba bien, que no faltaba a clases en horario de la noche. Se dijeron sus señas de aspecto físico para reconocerse, por si acaso llegaran a concretar una cita. Y así fue. Quedaron en verse un mediodía, en Metrosur.
Él llegó como eso de las doce a Mister´s Coffee, una de tantas cafeterías de estilo gourmet, al interior del centro comercial. Esperó. Él llegó de jeans ajustados, camisa celeste de mangas largas y zapatos deportivos blancos. Pidió un café. Las manecillas de su reloj dieron las doce y treinta. Su pulso cardíaco aumentó. Era justo la hora en que ella llegaría.
Ella acudió. Empujó con timidez la puerta de vidrio y buscó a Ramón. Este abrió los ojos, impresionado, cuando ella lo saludó: “¿Hola, sos Ramón?” Él quiso decir “sí”, pero se quedó petrificado. La muchacha se adornaba de una blusa negra escotada en donde resaltaban unos senos abultados; con falda de seda roja, corta y ceñida, que le daba cierta sensualidad y elegancia a sus glúteos y piernas; calzaba botines de gamuza ocres a la altura media de sus pantorrillas. Su cabello ensortijado y su piel morena compartían el encanto con sus ojos rasgados y negros y sus labios de fuego. Su altura alcanzaba el metro setenta y cinco. Ramón no daba crédito a lo que veía.
Salieron del Café. Las miradas recaían en la mujer que caminaba como una modelo en la pasarela de modas. Ramón creía que volaba, que soñaba. Él poseía un gusto insuperable por el arte culinario, por lo que la invitó a un fino restaurante. Quería impresionarla.
“Te gusta este lugar, Melissa?”, le preguntó él. Ella fijó su mirada en la de él y le contestó: “Sos detallista; me gustan los detalles y las sorpresas”. El mesero los interrumpió con el menú. Ellos ordenaron. “¡Qué buena pareja forman ustedes; les deseo buen apetito!”, les dijo el sirviente. Ellos se echaron a reír, agradeciéndole. Luego de un momento, Ramón fue al baño sanitario. Ella hurgó su celular y marcó:
-¡Aló, ya cayó el pajarito!
-¿Dónde estás, perra?
-En un restaurante que se llama Tommy o Nony´s Roma…
-¡Qué mierdas decís? ¿A qué hora vas a salir? ¡Puta, nosotros tenemos hambre!
-¡Pues hártense un hot dog “mataniño” aunque sea!
-¡No jodás, cabrona…!¡Vos, porque estás bien alivianada…!
-¡Bah, ¿y qué le voy a hacer?… ¡Pues, sí… yo soy la cazadora…!
-¡Tenés razón…! ¡Apurate, pues! ¡Trabajalo bien! ¡Aquí hay muchos juras!
Ramón regresó del baño y se admiró del semblante mortecino de ella. “¿Qué te pasa?”, le preguntó. Ella le dijo que nada, que quizás su palidez se debía a la impresión del lugar, ya que era la primera vez que entraba a un restaurante tan caro y bonito. Él ya no insistió. La comida fue servida y ellos la disfrutaron entre risas y miradas. Entonces el deseo sexual de ambos asomó en sus pupilas y decidieron sin palabras el deleite de sus instintos carnales. “Vamos a mi apartamento”, le sugirió él. “Está bien”, aceptó ella.
Una hora más tarde, Ramón conducía su BMW gris. A su lado, Melissa, sonriente y cariñosa se recostaba en él. Entre susurros ella le pedía que sintonizara música de Bachata…
Después de una curva, en una calle solitaria, otro carro les rebasó, se detuvo de pronto y les impidió la marcha. De la camioneta tipo Van se bajaron cuatro hombres con gorros pasamontañas, fuertemente armados. Ramón fue trasladado al otro automóvil entre puñetazos y expresiones humillantes. Ramón alcanzó a oír tres disparos…
“Los padres del joven Ramón H. Esquivel piden a PNC el esclarecimiento sobre el paradero de su hijo. El estudiante universitario fue secuestrado por unos hombres armados, a inmediaciones de la calle El Espino el viernes por la tarde cuando se conducía a su residencia. Al parecer iba acompañado de una mujer que se presume estaba en complicidad con los secuestradores”.
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