Indignante: es como podría resumir mis emociones en estos instantes. Ayer por un canal de televisión local me enteré del brutal asesinato del periodista que convivió un año y medio en la zona de alta peligrosidad de Soyapango “La Campanera” para filmar un impactante documental sobre el fenómeno de las pandillas en El Salvador presentado en 2008: “La Vida Loca”.
Según LPG, Poveda ya había recibido amenazas de pandillas y el día de ayer fue interceptado en horas de la tarde en la calle que dirige al municipio de Tonacatepeque.
“No podemos amarrarnos con ninguna hipótesis: si fueron las pandillas o si fue un robo”, explicó Marco Tulio Lima, de la División de Investigación de Homicidios. Esto choca con la lógica, pues el vehículo, las llaves del mismo y hasta las pertenencias, como su grabadora, se encontraron en el lugar. Poveda tenía cuatro impactos de bala en la cara. Es obvio que con el lujo de barbarie y las amenazas antes mencionadas, el móvil tenga que ver con la producción del documental.
Estoy indignado y dolido.
¿Hasta cuando vamos a seguir de “blandos” con los bagazos de la sociedad?
¿Cuánto más tendremos que soportar vivir en una capital presa de temor?






