El Salvador es un país soberano, es decir, tiene la facultad de gobernarse a sí mismo a través de funcionarios elegidos por el pueblo. No le rinde cuentas a ninguna otra nación, no pide permiso para crear o modificar sus leyes, escoge a sus socios comerciales y le declara la guerra a quién se le antoje. Sin embargo, la soberanía nacional para un país pequeño y pobre como El Salvador es una maldición del inframundo más que un beneficio que debemos defender hasta la muerte. La importancia de la soberanía nacional es una fantasía que nos han vendido aquéllos que se han enriquecido gracias a ella, y WE THE PEOPLE nos la hemos tragado.
Pero basta darle una pensada de burro para darnos cuenta de que la soberanía nacional nos ha convertido en todo aquello que queremos cambiar. Cientos de miles de compatriotas salvadoreños han emigrado a Estados Unidos en busca de mejores oportunidades de trabajo y educación. Ellos, en lugar de arriesgar su vida por defender la soberanía salvadoreña, la arriesgan dentro de furgones, en el desierto y a través del Río Grande para someterse a la soberanía americana. En un principio, viven hacinados como tacuacines en cuartitos sin ventanas, sintiéndose presos de una soberanía que no huele a loroco. Con el tiempo prosperan, tienen familia, consiguen papeles y finalmente se vuelven ciudadanos americanos, cumpliendo su sueño. Si les preguntan si quisieran regresar a El Salvador responden que ni locos, porque allá no hay trabajo, allá matan, allá gobierna el desorden, allá todo es feo.
No es una locura pensar que más de la mitad de los salvadoreños quisieran emigrar a Estados Unidos, y que si un día Barack Obama le ofreciera a El Salvador anexarse a Texas a cambio de su soberanía, los únicos que se opondrían serían aquellos políticos y empresarios que han convertido la soberanía salvadoreña en la clave de su poder y su fortuna.
Más claro que el agua. El estudiante de la UCA, la Nacional, la Matías, etc. vendería su soberanía por la oportunidad de trabajar en IBM, Continental Airlines, Google, NASA, etc. El futbolista del Alianza vendería su soberanía por un contrato millonario con el Dynamo o el Galaxy. El empleado de Super Selectos vendería su soberanía por un salario de $7 la hora en Walmart o HEB. El estudiante del Liceo Salvadoreño y del Externado vendería su soberanía por una beca estatal para estudiar en Stanford, Harvard o MIT. La familia de Soyapango y el Barrio Santa Anita vendería su soberanía a cambio de mudarse a un suburbio pobre pero más seguro en el barrio chino de San Francisco o Nueva York. El comerciante mediano vendería su soberanía por poner su negocio en una calle de Houston donde las maras no le pidieran renta. Los padres de los que se han ido de mojados venderían su soberanía por la oportunidad de estar legalmente junto a sus hijos y nietos. Infinitamente etcétera. Luego adoptarian como propia la soberania americana.
Ah! pero yo sé quiénes no venderían su soberanía: los políticos corruptos que se enriquecen a costa del puesto público que poseen, los grandes empresarios que han logrado monopolizar sus industrias a través de competencias desleales y contactos de alto rango, y los soñadores sin oficio que han convertido su sueño sin oficio en un oficio a sueldo. Estos señores no venderían jamás la soberanía nacional… bueno sí, pero sólo al precio justo y a puerta cerrada.
Dé qué nos sirve el Colón si compramos lo mismo con el Dólar, de qué nos sirve el español si las películas de Hollywood son en inglés, de qúe nos sirven las pupusas si las hamburguesas nos gustan más. De qué nos sirve la soberanía salvadoreña si todo lo importamos de USA. Somos Guanacos con G de Gringos.
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2 COMENTARIOS
Momento joven, no sea meeeennnnnddiiiiiggoooooo.
Como decia clavillazo.
Esque eso de que nos gustan las hamburguesas mas que las pupusas es alcanzativo y difamatorio.
Si bien rico se derrite el queso con loroco y se le pega a uno al paladar dejandolo escaldado.
Y la verdad que un desayuno, almuerzo o cena de pupusas es bienvenido.
Nunca he desayunado hamburguesa.
Asi que no se ponga alcanzativo, que si nos gustaran mas las burguers que las pusas, no habrian tantas pupuserias en los estados unidos.
Si un dia van a llegar a ser como las pizas o los tacos
Tex salvadreanex…..
Otranvex.
Anónimo: usted tiene razón señor, no hay nada que le gane a las pupusas. Ni las hamburguesas con curtido y salsa. La próxima vez que pase por estas tierras del coyol, le invito que se invente un nombre para que lo pueda saludar como usted se merece. Está usted en su casa.